Uno, dos, tres.

Con motivo del ciclo de cine "cine y comunismo" en el MuVIM (Museo valenciano de la Ilustración y la Modernidad) he podido disfrutar de una muy buena película.

La película que vi fue "Uno, dos, tres" dirigida por Billy Wilder en 1961, con guión del mismo (basado en una pieza teatral de Fenec Molnar), e interpretada por uno de los grandes del cine americano de los años cuarenta, James Cagney.

Comedia en estado puro, ambientada en el Berlín de la Guerra Fría, que no puede ser contada porque es una película para verla.
Plagada de sutiles guiños, hace una crítica a los dos grandes sistemas en conflicto: el comunismo, a través del personaje de un joven idealista con la cabeza llena de propaganda, y el capitalista con el Sr. MacNamara, jefe de ventas de una empresa tan americana como CocaCola en el Berlín Oeste.

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Con un ritmo de locos, casi no hay un momento de respiro entre carcajada y carcajada, y a ritmo de la música de fondo de la Danza del sable de Aramkachaturyan; James Cagney hace un despliegue de genialidad con escenas ejecutadas en un plano sin cortes. Llego a interpretar nueva páginas del guión de un tirón sin trabarse jamás.
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Como dato curioso decir que en mitad del rodaje no pudieron casi acabar la película porque el ejército de la RDA empezó la construcción del muro que separo la ciudad durante casi treinta años. La Puerta de Bradenburgo, utilizada en muchas secuencias, fue cerrada a cal y canto. Wilder tuvo que recrear el set en los estudios de la Bavaria Film en Múnich para poder acabar las escenas.