Ejercicio de imaginación mientras escuchas swing

Hagamos un juego. Yo te pongo la música y te describo la situación y tú disfrutas imaginándote la historia.
¿Te atreves?


Estamos a principios del siglo XX, años 20, en New York
Imagina que eres un hombre, atractivo, elegante y seductor. Esa noche te apetece escuchar buena música y disfrutar de compañía agradable.
Te encuentras en un night-club. Estás sentado en tu mesa y una camarera muy sexy se acerca y, guiñándote un ojo, te sirve una copa.
No sabes qué es pero al acercarte el vaso a la nariz y oler su contenido intuyes que debe ser Whisky.
En el local se sirve alcohol de forma clandestina. Estamos en la época en que estaba en vigor la llamada "ley seca" donde se prohibía la comercialización pero no el consumo de bebidas alcohólicas.
En el escenario hay una big band tocando y la música te hace, sin querer, mover los pies a su ritmo.
Giras la cabeza a un lado y te das cuenta que en una mesa cercana hay una rubia despampanante que no te quita ojo, pero a ti quien te preocupa es el tío, con aspecto de gánster armado hasta los dientes, que le acompaña.
Dejas de mirar a la chica, por si acaso, no quieres problemas y sigues disfrutando de la música.
Desde el escenario se acerca una mujer marcando el ritmo con sus andares. Es morena y lleva un vestido que deja poco lugar a la imaginación. Cuando llega a tu mesa se inclina enseñándote su pronunciado escote y te dice con voz insinuante si quieres bailar con ella. No parece que le acompañe nadie.
Miras la zona de baile y ves que hay más gente bailando por lo que te animas y cogiéndola de la mano te dejas llevar por ella hasta el centro de la pista.
La orquesta comienza a tocar una nueva pieza. Swing, mucho Swing. Cuerpos moviéndose al ritmo de la música insinuante La trompeta toma protagonismo para después cederlo a la batería. Cada músico sabe por donde tiene que tirar para que todo fluya y tú no puedas resistirte a moverte a su son.
Tu acompañante se desliza por la pista como pez en el agua y disfrutas con el contoneo de sus caderas.
Alguien te dijo una vez que quien sabe bailar se sabe mover bien entre las sábanas y esa chica lleva la música en todo su cuerpo. No vas a dejar pasar la oportunidad, en cuanto acabe el baile le pedirás que acabe la velada contigo.

A partir de aquí sigues tú. Decide cómo quieres acabar la noche.