Viaje en tren


Voy de camino a alguna parte, en tren, sola y con poco equipaje.
Alrededor todo son risas y buen humor alrededor pero a mi me invade la tristeza.
Me siendo sola aunque esté rodeada de gente.
No sé por qué pero los viajes me ponen melancólica.

El tren va cogiendo velocidad, poco a poco, a medida que se va alejando de la ciudad.

Miro por la ventana y aún distingo a personas, cada una con su mundo.
Intento imaginarme cada historia. Son pequeños cuentos en mi mente.

Echo de menos el traqueteo y el sonido de los antiguos trenes.
Ahora no te das cuenta del movimiento si no es que miras por la ventana y sólo escuchas las conversaciones de los pasajeros que hay a tu alrededor.
Vuelvo a mirar por la ventana y veo que ya no hay nadie, tan solo un monótono paisaje que no da tiempo a distinguir por la velocidad con la que pasa.

Cojo mis auriculares y me pongo música. Música melancólica para una chica triste.
Cierro los ojos e imagino mi vida: los momentos vividos y los que me gustaría vivir.

Alguien me toca suavemente el hombro. Abro los ojos y le veo delante de mi.
No le conozco pero su sonrisa me gusta. Debe tener mi edad, con barbita de días y vestido de forma desenfadada pero elegante.
Me habla moviendo suavemente los labios y me vuelve a regalar una sonrisa.
Le hago un gesto de que no le oigo y me quito los auriculares.
Vuelve a hablarme, esta vez percibo una voz suave pero muy varonil. Me indica que me he equivocado y que estoy sentada en su asiento.
Extrañada busco en mi bolso el billete y compruebo que estoy sentada correctamente y que el equivocado es él. Su asiento está junto al mío.
Despejados los malentendidos me pregunta por la música que escucho y ahí empieza una agradable conversación.
Hablamos de música, de cine, de libros,... de lo divino y de lo humano.
Fue el inicio de algo que lamentablemente acabó cuando el tren llegó a la estación de destino.
Se despidió con un beso en la mejilla y un adiós, y yo volví a encontrarme sola en la estación aunque rodeada de gente.