De escaleras y ascensores

Después de varios días intercambiándose mensajes, quedaron en la cafetería de un centro comercial.  No se conocían sólo se habían visto en fotos.
Ella llegó primero, se sentó en una mesa cercana a la puerta para verlo llegar y sacó su libro con el fin de que la espera no se hiciera larga.
Pasaron unos  minutos, cuando alzó la vista y le vio aparecer.
No era como se esperaba pero lo que descubrió no le disgustó.

Él la miró y esbozando una medio sonrisa se acercó a la mesa. Tampoco le debió desagradar lo que veía.
Ella pidió un café descafeinado, estaba nerviosa, y él un cortado. Hablaron durante media hora, entre risas y bromas. Habían conectado.
Cuando ya se tenían que ir, él le propuso continuar en un sitio más íntimo pero ella le dijo que no en esa primera cita. Acabaron sus cafés y se dispusieron a irse.
Al llegar a los ascensores, ella tuvo una idea, le cogió del brazo, le llevó a las escaleras y abalanzándose sobre él le besó.
Fue un beso caliente, salvaje, devorándose la boca y mordiéndose los labios. La respiración se hizo entrecortada, los corazones latían a mil.

Se apartaron para mirarse a los ojos y cada uno intentó tranquilizarse. Había estado muy bien. Se habían saboreado mutuamente y les había gustado a los dos pero tenían que marcharse y bajaron un piso para coger nuevamente el ascensor.
Al entrar estaban solos, los dos sabían que volverían a besarse pero en ese preciso momento alguien entró. Las puertas iban a cerrarse y ella con un movimiento rápido puso el bolso entre ellas , impidiendo que  se cerraran,  y salió de prisa volviéndose hacia él e invitándolo a hacer lo mismo.
Volvieron a la escalera y volvieron los besos calientes y salvajes.
No podían parar pero había gente pasando cerca y no querían ser descubiertos, por lo que bajaron otro piso y cogieron el ascensor. Esta vez iba vacío. Él la aprisionó contra la pared y sus cuerpos quedaron en contacto, notando ella lo excitado que él estaba.
Lo malo es que el trayecto fue corto, en seguida estaban en la planta baja y salieron.
Caminaron hacia la puerta de salida  nerviosos y excitados, cada uno pensando en lo que había ocurrido. Llegaron a la puerta, tocaba despedirse. Se dijeron un adiós y hasta pronto, y quedaron en volverse a escribir por e-mail para la siguiente cita.


Segunda parte del relato: Se cayó el ascensor y se rompió la escalera